
Y cuando ya se disponía a dejar este espacio temporal, con su daga en la mano, apuntando al corazón, con los ojos fijos en un recuerdo que era ya lo único que llevaba consigo, lo mismo que la mantenía con vida, la animaba también a despedirse a partir…entonces un anciano que estaba en el templo, preguntó a la joven ¿Cuánto le amas?
La joven inclinó su cabeza y miró hacia el suelo, por unos instantes, luego con un silencio sobrecogedor, levantó la mirada y buscó el rostro de la voz que la interpelaba, al encontrarlo, cerca, le dijo:
Me convertiré en puente de piedra, soportaré mil años de viento, mil años de lluvia y luz solar, sólo pido una cosa… qué aquel a quien amo, camine por él, que lo cruce cuando se sienta solo, cuando quiera un abrazo se detenga en el centro y se quede un momento, que lo recorra cuando esté cansado, cuando necesite equilibrio, cuando busque el silencio, callarán mis piedras para hacerle compañía, cuando quiera hablar, que camine descalzo y me sienta….
El anciano la miró con ternura, comprendió aquel alma que ahora se iba a convertir en puente de piedra, para seguir viva, para que camine por ella y le dijo despacio: perder el equilibrio por Amor, es parte de una vida en equilibrio. Por las mejillas de la joven rodaron dos hermosas lágrimas, que al caer se convirtieron en las primeras piedras que luego fueron los cimientos de tan eterno puente…