lunes, 2 de agosto de 2010

CUANDO SE DESMORONÓ LA ALEGRÍA



Somos pocos los que en la vida, en los tiempos, en la historia, nos toca ser testigos de momentos como este. Muchas veces intento reconstruir esa madrugada, no quiero olvidar, porque siento que desde ese amanecer, tenemos mucho que aprender..
En breves minutos, la vida parecía escaparse entre la oscuridad, los lamentos, gritos, el ruido incesante de lo que se estaba destruyendo...y luego...el silencio...ese silencio que se metía hasta en la médula, y estremecía...
Nunca una noche me pareció tan interminable, tan oscura, el dolor se percibía en el ambiente, podía sentir que mi tierra y mi gente, estaba gimiendo por ayuda, la impotencia del no saber, de la incomunicación en unos tiempos tan tecnológicos y llenos de redes, que no servían ahora para nada, era desoladora.
Seguía moviéndose nuestro suelo, la luz del sol dejó ver lo que ya no estaba, las calles levantadas y rotas, esquinas que estaban en el suelo, el fuego que arrasó con otros lugares, la gente caminando como sin rumbo, los rostros desfigurados por la duda, el miedo, el dolor....muchos lugares parecían estar bien, pero eran solo fachadas, dentro era otra historia, otros habían caído por completo..simplemente ya no estaban...
Caminé por las callecitas de mi cuidad, a paso ligero, intentando esquivar cables y grietas, escombros, cada cierto tiempo, veía gente abrazándoe, llorando, miradas que se detenían por primera vez y regalaban una palabra silenciosa, que no era necesario decir nada, nos entendíamos así, entre miradas, en silencio...
Es verdad que pasaron muchas cosas ese día, salió lo más malo de los corazones y también lo más noble, todo estaba a flor de piel, pero entre todo lo que podía ver...algo se había desmoronado y ya no estaba...LA ALEGRÍA.. se había quedado suspendida en algún lugar olvidado, porque no estaba en las miradas, ni en los abrazos emocionados, ni en las grietas que nos dejó el sismo interior del que todos fuimos protagonistas.
Estábamos vivos, eso era sorprendentemente impactante, agradecíamos por eso en el alma, sin embargo, no sonreíamos por eso, no se podía, había mucho dolor circulando todavía, el tiempo se detuvo, solo se podía caminar, nunca se vió por las callecitas de mi ciudad tanta gente caminando, buscando algo que necesitaba o dirigiéndose a algún lugar para encontrarse con los suyos..
Han pasado 5 meses desde aquel día, aún seguimos caminando por las calles rotas que nos llaman a no olvidar, ahora faltan lugares, que antes fueron testigos de nuestra historia, muchos ya no podrán decir a sus hijos, en este colegio estudié, o en esta iglesia me bauticé...no están...o no serán nunca los mismos lugares...algunos esperan ser remmovidos, otros están abandonados...
Qué nos queda de esta vivencia, qué puedo percibir....una cosa importante he podido observar y vivir en estos meses en lo personal y en lo que puedo llegar a ver a mi alrrededor, los encuentros ahora son mucho más importantes, por sencillos que sean, las personas se detienen y saludan, preguntan, se interesan, se quieren ver con los que aman, con los que estaban alejados, se reconcilian, se quieren reunir y compartir, y el compartir es más hondo, más sentido, lo valoramos más, lo vivimos mejor.....porque podríamos no haber amanecido esa mañana, podíamos no estar ahora, pero estamos contados entre los que darán testimonio en el futuro...tenemos que restaurar la alegría, la esperanza y el amor!

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