Podría intentar dibujar el interior de mi existir como un mar dentro de un gran océano y podría pintarlo de mil colores, imaginados y por imaginar, dentro de cada color, un mundo de tonos y matices y cada uno de ellos expresando mis sueños, deseos, ilusiones, vivencias, esperanzas; imprimiendo intensidad y luz a esa profundidad donde ya no hay oleaje y no se escuchan los ruidos externos, donde el silencio se hace hondo y cobra especial sentido, allí donde acontece la vida, el origen y el final de todo lo que conforma mi existencia.
Me sumerjo en el mar de mis emociones y en el suave sonido de mis recuerdos, si emergiera kilómetros arriba en este océano, buscaría esas aguas donde se unían mi río y tu mar, robaría segundos a la vida, para decir el te amo que nunca te dije, el quédate que silencié, me tomaría de la mano de tus olas y no te soltaría, me sumergiría de nuevo, después de pedirte perdón y me dormiría en mis sueños, sin querer ya nunca más volver al error de intentar olvidarte.

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