Ya perdí la cuenta
de las veces que contemplé el final
que sentí que de mis noches
no nacería un amanecer
Cuántos atardeceres rotos
y días lluviosos
tardes nubladas
que se enfrentaban
a frías noches de invierno
y tú no estabas.
Esos instantes
en que me encontré
con la vida,
esa vida real, que es cruel,
violenta y sin anestesia,
que te coge de un brazo,
para levantarte
y dejarte caer,
a la intemperie
de mis propios miedos.
Esos momentos
en que me sentí
inmensamente vulnerable
y me dejé atravesar
por la espada
de la indiferencia,
por el puñal del desamor,
y por la sensatez
de mis propios pensamientos.
Lo que tantas veces
ha parecido el final de mis días
me ha terminado haciendo fuerte
una fortaleza extraña
que se abraza
de mi fragilidad,
paradójicamente es así,
no soy realmente fuerte,
pero necesito creer que lo soy,
porque aunque esta noche
me parezca un nuevo final
mañana será el comienzo
de un nuevo día...
...y así, es la vida...

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