lunes, 11 de octubre de 2010

Puentes

No siempre son calles las que hay que cruzar, a veces, son puentes, los que hay que recorrer...los puentes me apasionan, debo confesarlo...

Cuando era niña me daban miedo, una especie de terror paralizante, antes de cruzar un puente me entraba una sensación de dolor interno, no quería cruzarlos, ni caminar por ellos, sentía como la nada bajo mis pies, la altura me hacía temblar las piernas, me sudaban las manos, alguna vez hasta me entró el llanto...detenerme en mitad de uno de ellos era algo impensado...simplemente, no!

Y quién lo diría, aunque no dejo de sentir en ellos un cierto respeto, se que me atraen con pasión, las formas, los estilos, los lugares que conectan, las vistas que logras desde ellos, son místicos, son mágicos, tienen un alma escondida en sus cimientos, lo se, guardan un sin fin de historias y pasos, graban en sus pilares, muchos rostros y palabras...son testigos del paso de generaciones, son voces silenciosas, que nos dicen que la unidad es posible, que con voluntad ellos se construyen, y acercan hasta a los más lejanos, cambian las lágrimas en sonrisas, hacen posibles los abrazos.

Amo los puentes, nos han enseñado a tender lazos entre las almas, a unir distancias, debajo de los puentes casi siempre hay agua y el agua fluye como la vida, entre dos corazones también fluye vida, un caudal de energía que se transmite, va y viene por puentes menos visibles, pero no por ello menos reales, esta energía, amor, estos lazos, han hecho que todos en la vida seamos constructores, ingenieros, diseñadores...de los puentes que forjan nuestra existencia.


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